El azar da lugar al desconcierto. El no saber qué pasará, hace de todos nuestros actos un misterio, nos mantiene vivos.
- ¿Cómo reaccionará si le beso? ¿Voy demasiado rápido o quizás lo lleve esperando durante meses? (Esta es la parte más bonita y romántica, por supuesto, digna de cualquier película).
La realidad sería más bien así:
-¿Es idiota o practica en casa? Si le tiro un piano encima, ¿se le arreglarán los cables o va a seguir igual?
En cualquier caso, lo interesante es que no puedo contestar ninguna pregunta sin que ocurra (aunque no voy a tirarle un piano a nadie, por ahora...). Por muchas veces que me imagine plantada frente a esa persona, cada palabra que sale de mi boca, cada cara de disgusto o cada gesto de desaprobación, nada responde a mis preguntas.
Lo que me lleva a pensar que la verdadera chispa de la vida no es algo físico, sino la incertidumbre de descubrir que con cada acción pueden darse miles de opciones posibles.
- ¿Quieres casarte conmigo?
a) Sí (Ser completamente feliz, mundo de fantasía idílico/ Divorcio a los tres días porque te molesta hasta su risa/ En vez de ser una pareja de humanos, sois alces....).
b) No (Pierdes al amor de tu vida/ Te libras del hombre más pesado del mundo que no sabías cómo dejar/ Seguís vuestra relación sin saber por qué...).
c) Dejar de respirar (Muerte por asfixia/ Se va y puedes volver a respirar/ Acabas en el hospital y consigues evitar la pregunta).
d) Huir despavorida (Igual que en "Novia a la fuga" pero sin la incomodidad del vestido y de dejar a miles de invitados plantados).
Elegir es parte de nosotros, de ello depende nuestro futuro. Cada decisión es una puerta llena de caminos enredados, sólo debes estar segura de ti misma y estar dispuesta a arriesgarlo todo por tu felicidad.