domingo, 22 de noviembre de 2015

Si alguien viese de verdad su futuro, saldría corriendo.

El azar da lugar al desconcierto. El no saber qué pasará, hace de todos nuestros actos un misterio, nos mantiene vivos.
- ¿Cómo reaccionará si le beso? ¿Voy demasiado rápido o quizás lo lleve esperando durante meses? (Esta es la parte más bonita y romántica, por supuesto, digna de cualquier película).

La realidad sería más bien así:
-¿Es idiota o practica en casa? Si le tiro un piano encima, ¿se le arreglarán los cables o va a seguir igual?

En cualquier caso, lo interesante es que no puedo contestar ninguna pregunta sin que ocurra (aunque no voy a tirarle un piano a nadie, por ahora...). Por muchas veces que me imagine plantada frente a esa persona, cada palabra que sale de mi boca, cada cara de disgusto o cada gesto de desaprobación, nada responde a mis preguntas.

Lo que me lleva a pensar que la verdadera chispa de la vida no es algo físico, sino la incertidumbre de descubrir que con cada acción pueden darse miles de opciones posibles.

- ¿Quieres casarte conmigo?
a) (Ser completamente feliz, mundo de fantasía idílico/ Divorcio a los tres días porque te molesta hasta su risa/ En vez de ser una pareja de humanos, sois alces....).
b) No (Pierdes al amor de tu vida/ Te libras del hombre más pesado del mundo que no sabías cómo dejar/ Seguís vuestra relación sin saber por qué...).
c) Dejar de respirar (Muerte por asfixia/ Se va y puedes volver a respirar/ Acabas en el hospital y consigues evitar la pregunta).
d) Huir despavorida (Igual que en "Novia a la fuga" pero sin la incomodidad del vestido y de dejar a miles de invitados plantados).

Elegir es parte de nosotros, de ello depende nuestro futuro. Cada decisión es una puerta llena de caminos enredados, sólo debes estar segura de ti misma y estar dispuesta a arriesgarlo todo por tu felicidad.