Soy una hormiga en medio de una manada de gigantes. Un grano de arena sin importancia, sin magia, sin nada especial. Soy una más, en medio de clones. Un papel olvidado entre recuerdos viejos. Una sombra de todo lo que pudo ser, una sombra de lo que no será.
Las luces se apagan, no quiero escuchar mis pensamientos, duelen. No quiero retorcer lo inexplicable, no quiero entender, no quiero hablar, no quiero ser.
Quiero volar, quiero huir de mí misma por un momento, desaparecer, ser agua, aire, fuego. Renacer, vivir, volver a mí. Un ciclo.
Pero nada de eso pasa. Sigo a un metro, siento la brisa, la sensación de estar a cincuenta pisos de altura. La ciudad a mis pies, una ironía perfecta, ya que ella siempre me ha tenido a los suyos.
Solo veo gente. Gente que no me importa, que no volveré a ver, que solo se acordarían de mí si saltase, por el morbo del trauma, por anécdota, por presión social.
Me quema cada respiración. Por corazón una bomba nuclear, preparada para la detonación final. ¿Cual es la duda? ¿Que me separa de ese cercano vacío? Caída libre, volar, ser pájaro al fin.
Nadie grita por mí, nadie impide ese pequeño paso, nadie interrumpe la jugada. Estoy yo sola contra mí misma. Mi cabeza en silencio, una partida de ajedrez. Jaque.
Sigo perdida, no veo más salidas, siento como el mundo se me cae encima, la caída es la huida.
Avanzo. Los pies me tiemblan, la cabeza me gana, salto.
JAQUE MATE

