Un simple gesto puede cambiar toda tu vida, no importa lo mucho que te hayas esforzado por conseguir lo que tenías, no importan tus ganas, ni siquiera importas tú. Sólo importa su egoísmo, sus rabietas y sus gilipoyeces. No te esfuerces, él no va a cambiar, siempre ha sido así, solo que tú estabas ciega y no te diste cuenta a tiempo de que no era bueno para ti. Pero ahora todo es diferente, finges que no existe, ya no está en tu vida y estás tranquila así, vacía, pero tranquila al fin y al cabo.
Ya nada importa, quizás algún día cambies de ciudad, de entorno, y puedas por fin olvidarlo todo, mientras seguirás en tu pequeña burbuja de pequeños errores, en la que cada día te hundes más, porque una vez que tocas la perfección, todo lo demás ya no te llena, no te hace sentir lo que antes sentías. Y pese a todo, a los besos, a las risas, a los lloros, a las heridas, a las peleas... tú sigues recordando cosas, pero eso te hace más fuerte, menos vulnerable, más tú misma.
Se acabó el tiempo de las lamentaciones, de los lloros y las discusiones, ya no debes dar explicaciones a nadie, porque tú eres la dueña de tu propio destino, y esa es la auténtica verdad de tu vida.
Disfruta todo mientras lo tengas, porque la vida me ha demostrado que todo lo que algún día quisiste acaba yéndose, y que lo que más detestas sigue ahí para amargarte una y otra vez. Muéstrale tu sonrisa al mundo y demuestra que eres independiente, que no necesitas a nada ni nadie para crear tu propia felicidad.
