Me levanto con ganas de ser mejor, de dar más de mi, de dejar de tropezar constantemente y conseguir salir a flote. Pero una a una, mis esperanzas, van cayendo, como fichas de dominó colocadas a lo largo de una recta infinita.
Aún así mi ánimo se mantiene en un limbo, no me hundo pero tampoco sobrevivo. Sufro por dentro y sonrío hacia fuera, para que todo parezca un poco menos vacío. Y si la soledad me da un respiro es solo para volver con más fuerza. No tengo ganas de amor, solo de juego, vicio y apariencias.
No creo en los finales felices, no creo en un príncipe azul rescatador de doncellas en apuros. Sólo creo en mí, en mis oportunidades y capacidades de conseguir lo que me proponga.
Mi deseo... no perderme jamás a mí misma, superar mis miedos y olvidar poco a poco cualquier rastro de amor.
