Se desvaneció. Como se desvanecen las lágrimas en el mar, o las palabras en el tiempo. Todo lo que construyeron juntos, los castillos imaginados sobre las nubes, las risas y los besos, los abrazos en un día malo, incluso las promesas. Las promesas de amor eterno en cada mirada, las ganas de un futuro juntos sin importar los obstáculos o el que dirán.
Suelen decir que después de algo malo viene algo mejor, pero sigo esperando, al igual que se esperan los milagros que nunca llegan. Porque al final las cosas tienen el valor que tu les das, y quizás valoramos demasiado un príncipe azul de ensueño, cuando la mejor rana del estanque daría el cielo por tu sonrisa.
El amor está a la vuelta de la esquina, dicen los soñadores. Puede que sea cierto, puede que me guste soñar, pero solo porque pensar en una vida sin amor me parece peor que la muerte.
Siempre escribo sobre el amor, pero porque no solo hablo de amor de cuento. También está presente en la familia, los amigos. Hay gente que ama a un Dios, o a la naturaleza, también hay gente que ama el trabajo, o el dinero. Hay muchas formas de amar, pero no conozco ninguna que sea venenosa.
El veneno lo buscamos nosotros, buscamos lo malo cuando no nos creemos lo bueno que tenemos y quizá por eso nunca somos completamente felices.
Para mi la mejor forma de amar es empezando por uno mismo, sabiendo donde están nuestros límites, admitiendo nuestros errores y mejorando cada parte de nosotros día tras día. No puedo decir que yo no sea diferente, no puedo decir que nunca me haya odiado o que nunca haya provocado que me odien.
Pero si lo piensas la vida no es muy diferente de un libro con distintas opciones de final. Puedes elegir ser bueno o malo, puedes decidir si herir o no hacerlo, lo que no puedes es no ser. Toda acción tiene sus consecuencias y eso nos convierte en lo que somos, y probablemente haya alguien por ahí escondido esperando para amar lo que somos. Por eso sigo manteniendo la esperanza, porque aunque sé que no me harán precisamente una santa, hay alguien ahí fuera que puede que ame mis imperfecciones y si todo va bien, puede que yo también ame las suyas. Alguien que te quiera maquillada o recién levantada, con un vestido rojo de fiesta o en pijama con los calcetines calentitos de andar por casa, feliz o con los ojos tristes después de ver una película romántica, alguien real, alguien con ganas de ti. Y eso si, eso si que sería para mi un amor de verdad, un amor que jamás se quebraría, un amor puro y real.