Me enamoré, una y otra vez, de cada uno de tus lunares, de todas las carcajadas en medio del silencio, de los susurros en la oreja mientras la Luna iluminaba la habitación. Y si, me enamoré cada segundo de cada minuto de cada día que pasé a tu lado hasta que olvidé quién era.
Olvidé mi risa, mis deseos y mis dudas. Olvidé mi alma en un lugar oscuro y frío. Hasta que me rompí, y mi alma olvidada también se quebró. Y volví a nacer, con más miedos, más desconfianza.
Porque cómo confiar en algo que te daña? Cómo confiar en lo que falla?
Todos morimos alguna vez por dentro. Nos sentimos pequeños e indefensos. Y ni siquiera la calma después de la tormenta reaviva las llamas de tu corazón apagado.
Incendié valles y montañas con la mirada, incendié tu casa, incendié el mar de tus ojos. Incendié los lugares que un día fueron nuestros, borré los recuerdos. Vendí mi alma y destruí mi corazón a martillazos.
Huí de ti