Poder empezar de cero, cambiar los errores, convirtiéndolos en experiencia. soñar con lo imposible y volver al principio del camino, intentando hacer las cosas bien.
Los principios nunca deciden el final, pero ahora mismo estoy en un calle sin salida. Los nervios me pueden y la impaciencia acaba conmigo. "Lo bueno se hace esperar" pero... "Quién espera, desespera" y así acabo convirtiéndome en una desesperada por conseguir que algo bueno llegue y me transforme la vida de arriba a abajo.
Pero tampoco vivo tan mal, veo las tormentas mejor que la mitad de la ciudad, mi familia está loca pero eso es lo mejor, tengo unas amigas que han decidido dejarme ser la "solterona de oro" y vivo el día a día como si fuera una aventura, aunque sea una simple ranita más.
Y por eso creo que los finales felices están sobre-valorados. Yo por ahora no he visto ninguno en el que se lo pasen mejor que yo en mis continuos laberintos sin salida.