Parece ser que de los sueños más bonitos no nos acordamos, pero cuando tenemos una pesadilla, es como si todo girase a su alrededor.
Lo ves todo con sombras, empiezas a respirar más fuerte y rápido, estás asustada, algo pasa, no lo recuerdas, pero te desmoronas, es como si tu mundo por un segundo se terminase. Quizás es porque es él el que ya no está, o porque algo ha ido mal, no consigues visualizar lo que pasa, solo sufres en la oscuridad de la noche, entonces un último suspiro, y te levantas violentamente, con el sudor frío incómodo recorriendo tu frente, con miedo, temes que algo de lo que has soñado se haga realidad.
Entonces algo sucede, una mano acaricia tu espalda, te da paz, has pasado de un estado de confusión y ansia, a una tranquilidad absoluta.
Y ya solo puedes besarle y decirle lo mucho que le amas.
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