Lo repetía una y otra vez en mi cabeza. "Quédate conmigo, no me dejes".
Pero ya era demasiado tarde. Las cartas ya estaban echadas, las palabras hieren y tenía una yaga demasiado grande en el corazón. Nadie puede predecir los finales, por eso nos hacen tanto daño.
Imaginé una y otra vez besar tus labios, después de que vinieras con una mirada tímida hasta mi casa deseando volver a verme, pese a todo lo que no dijimos, pese a todo el odio que nos salió de dentro.
Intenté ocultar el dolor, morderme los labios y aguantar las lágrimas. Intenté resistir, porque el orgullo me lo pedía. "No debes volver a caer, eres más fuerte, puedes seguir adelante, no le necesitas".
Suelo cerrar los ojos en algunos lugares que nos marcaron, respirar y volver a sentir que estoy ahí. Riéndome contigo, soñando con el futuro incierto de nuevo, besándote, creyéndonos indestructibles ante todo.
Nadie es perfecto, ni siquiera nosotros, aunque un día lo creímos. "No me importa lo que digan los demás, yo siempre seré tuya bebé, porque te quiero."
Quizás algún día, cuando más azote la tormenta, cuando ya no crea en nada, vuelvas. A salvarme de la vida, a descubrirme otro amanecer, lleno de palabras dulces, besos lentos y caricias suaves mientras me miras, con esos ojos brillantes enamorados de cada centímetro de mí.
| Una y otra vez sería capaz de dibujar cada lunar que adorna en ti, cada despertar. |
FIN