sábado, 22 de enero de 2022

Hasta la eternidad


Ojalá vivir siempre entre tus brazos en los días de frío y carcajadas. Ojalá cantar contigo en el coche de camino a ninguna parte. Ojalá sentir que nunca te vas a ir, que nada malo puede pasarme.

Una maleta tan llena de "ojalás" que ya no puede ni arrastrarse. Tengo que dejarla atrás mientras mis esperanzas se hunden como el Titanic.

Cuando algo es tan evidente, no es sensato seguir yendo a contracorriente. 

Una parte de ti vive en mi, aunque hay cosas que jamás me entregarás. Sé que fui lo que querías pero no lo que necesitabas... Fuiste mi mejor sueño y eso nunca se va a borrar.

Estarás bien, te lo prometo. Y algún día, bajo las estrellas y los aullidos, puede que nos volvamos a encontrar.


lunes, 17 de enero de 2022

Bucle temporal

Suena el despertador. "Alexa, para". 15 minutos más tarde, entre pereza, vueltas en la cama y sueños frustrados vuelve a sonar. "Alexa, para". 

Todos los días lo mismo, en un bucle infinito. Camino al baño voy recordando todos los pasos que tengo que hacer: vete al baño, lávate la cara con el jabón que te recomendó tu amiga, haz pis, tómate la píldora, ahora a la cocina para tostar el pan, unta el queso, corta el aguacate, coloca las frambuesas y los arándanos, "¡mierda! Llevan 3 días y ya están pasados..." Pon la tele para hacerte compañía mientras desayunas (covid, covid, más covid). Poco a poco se va iluminando el salón. "No me apetece ir a trabajar".

Y ahora toca arreglarse para ir a trabajar, para ese paseo de 20 minutos que se hace demasiado corto, mi parte favorita de la mañana. Canciones motivadoras para caminar, nada perturba mi paz, el sol baña mis mejillas con el frío matutino tan típico de Galicia. "Cómo me gusta el sol de invierno". 

Trabajo. Salgo y voy a ver a mi amigo al bar. Tomamos café mientras criticamos el trabajo, la vida y la rutina. Media hora de cariño, comprensión y desahogo. "Qué gusto, qué bueno tenerte".

Comida en familia. O no. La incógnita por resolver más esperada del día. A veces en casa, otras en el bar de siempre, algunas a domicilio o quizás sola, algo rápido. "Odio la soledad pero siempre estoy de mal humor con mi familia, qué tonta".

Empieza la vida social. O al bar a tomar café con mis amigos (los que no tienen turno de tarde hoy) o cualquier plan que resulte más interesante que estar en casa ... Cualquier plan es buena excusa. "Odio estar en casa".

Pasan las horas, el café se convierte el vino, se me congelan los pies y las manos pero no quiero marcharme, mejor el frío que volver a casa. "No quiero estar en casa, no quiero estar sola, no quiero que se acabe el día y volver a empezar."

Hora de irse, toca sesión de terapia bajo el portal de mi amiga con pitillo en mano y muchas inseguridades. "Menos mal que existes, no sé cómo me aguantas".

Me acerco a mi portal, hay luz en casa. "No tengo ganas de hablar, no sé qué me pasa, quiero dejar de estar continuamente enfadada".

Entro. El primero en recibirme es mi perro. "Con el poco caso que te hago, no sé por qué me quieres tanto." Mis padres me saludan. Siguen viendo la televisión y me preguntan si he cenado. "No quiero cenar, me voy para cama".

Se está acabando el día, vienen los pensamientos autodestructivos, se va a reiniciar el bucle y no se puede parar. "No hago nada, mi vida es una mierda. CÁMBIALA. Qué pereza. Venga, espabila. ¿Para qué?."

Miro Tiktok, cotilleo en Instagram, nada me aporta. Empiezan las ideas fugaces. "Quiero hacer cosas, necesito viajar. Voy a apuntarme a un idioma, echo el currículum en otras empresas, joder, mejor me duermo."

Suena el despertador. "Alexa, para".