Nada es eterno. Todo acaba marchándose con el viento,
Hace tiempo que no escribo, por falta de tiempo o de inspiración. Pero, hoy me he dado cuenta de que hay que hacer todo lo que nos gusta, nos divierte o nos llena cuanto antes. porque el tiempo es corto, vamos contrarreloj en un mundo que nos va distrayendo con sus luces y sus entretenimientos.
Somos pequeños fragmentos de la gente con la que compartimos nuestras vidas. Tenemos los ojos de la abuelo, el carácter de la abuela, la juerga de papá, la bondad de mamá... Pero también hablamos como nuestra mejor amiga, o hacemos ese gesto que tanto repetía aquel chico del instituto, La verdad es que somos esponjas y vamos absorbiendo un poco del alma de cada persona para no olvidar nunca quiénes fueron importantes en nuestras vidas.
Igual que en la película de Coco, yo tengo miedo a que me olviden, a que si algún día no estoy, y mis cenizas se han ido a surcar los mares, nadie me recuerde y solo sea un nombre grabado en un lápida. Y es por eso mismo, que yo no quiero olvidar a ninguna de las personas que me hizo ser yo misma, a ninguna de esas personas que me quiso y me cuidó.
Mientras yo viva, nunca serán olvidadas.