Sabrás que he vuelto cuando las hojas revoloteen locas con el viento, cuando los grillos dejen de cantar y se hayan roto todos los paraguas de la ciudad.
Sabrás que he vuelto cuando las lágrimas ya no tengan sentido, los árboles estén desnudos al frío y las canciones tristes dejen de sonar.
Sabrás que he vuelto, sin más, cuando entre por la puerta y mis ojos comiencen a brillar, desesperados por mirarte, buscándote entre lo cotidiano de tu habitación.
Sabrás que he vuelto, y cuando eso pase, necesitaré un pellizco para creerme que es real.
