Sale el sol, frío en las mejillas, aún consigo decir bromas y sacarte una sonrisa.
Dijiste siempre, y nunca aparecías, lo malo de las películas es que no duran toda la vida.
Exhalo y pienso, que lo nuestro fue un cúmulo de buenos recuerdos, mi parte cobarde huyó, la tuya ya ni apareció.
Las lágrimas quedaron vacías, me dolías hasta la desesperación, maldición, ella me atrapó y me hundió, dejándome en el suelo como un trozo de cartón.
Ahora solo estoy en silencio en mi habitación, pidiéndole a mi orgullo que por favor aguante feroz, atroz, el olvido dolió y marcó. Solo quiero que te pudras en tu cabezonería, yo jamás huiría... Esa es mi única lección.
