Es como si viviera en una continua pesadilla sin posibilidad de despertarme, de romper las cadenas que un día me ataron.
Me gusta fingir que ya no creo en el amor, que las despedidas no me afectan, que mi corazón es de hielo y la razón es lo único que cuenta. ¿Pero cuantas lunas han de pasar para volverte a abrazar? No sabes lo mucho que anhelo tu piel, tu mirada dulce y tus ganas de mí.
Qué bonito suena el pasado en mi cabeza, que amargo es el sabor de no tenerte, que incomprendida me siento cuando te veo, aunque tenga que imaginar que estás ausente. No quiero convertirme en un alma en pena por tus lunares, solo quiero que alguien corte esa soga que me ahoga cada vez que te acercas y olvidas que un día me quisiste casi tanto como yo a ti.