Algunas de las historias más bonitas ocurren sin saber por qué, cuando menos te lo esperas y con alguien que jamás pensarías. Pero lo más increíble de todo, es que estamos diseñados para buscar el drama, y por esta razón, las historias más increíbles tienen un final trágico, Romeo y Julieta, Otelo y Desdémona, Marco Antonio y Cleopatra...
Cuando por fin encontramos la felicidad, siempre hay algo que rompe con todo, destroza cualquier amor construido con esfuerzo. Y luego nos castigamos por lo que pudimos cambiar en el pasado, nos atormenta la idea de ser culpables del desastre, y nos convierte en esclavos de nuestra propia mente. Intentamos olvidarnos de lo sucedido, pero siempre volvemos atrás, de una manera o de otra, siempre aparece algo que nos hace recordarlo todo.
Sigo esperando ese gran día. El día en el que empezar de cero funcione, sin rencores ni heridas pasadas. Prefiero ser frágil a seguir viviendo con la pérdida de todo lo que un día quise.
Prefiero confiar que vivir en una espiral de miedo y desconfianza ante lo nuevo y desconocido.
Pero es tan sólo una utopía, algo inalcanzable, idílico, imposible de alcanzar. Cualquier sentimiento es efímero, ninguno durará eternamente y esa es la magia de la vida. Adaptación tras adaptación. Somos camaleones en un mundo en constante cambio, que nos quita las ganas de respirar, lo único que buscamos es sentirnos amados e importantes.
Somos seres sociales, la soledad es pasajera, si perdura... mata.