Era una noche cerrada, llena de alcohol, música y sonrisas. Pero a veces las cosas dan un vuelvo y te dejan tirada en lo más profundo de tus pensamientos. Porque lo peor no es la realidad en si, sino las vueltas que tu mente empieza a darle a todo: ¿Por qué nunca me pasa nada bueno? ¿Tan mala soy? ¿Tan mal lo hago todo? Y te vas convirtiendo en una máscara, solo sonríes porque es lo que los demás esperan de ti.
Pero yo me siento atrapada entre muros de dudas. Sé quién soy, y cómo soy, pero aún así me cuestiono a mí misma por culpa de gente que no me considera una de sus prioridades. Tengo tantas ganas de volar y no tengo alas, hace ya tiempo que me las han cortado. Las cartas están echadas y yo no he llegado a la repartición.
Comunicar es compartir, pero la gente es tan egoísta que la comunicación ha muerto. Solo somos zombies intentando salir del paso, a base de mentiras, trampas y engaños. Pero tu ego me alimenta, los golpes me van haciendo más fuerte. Y aunque el corazón llora y aprieta, mi mente solo piensa en volverse piedra. Por suerte o por desgracia, me amo demasiado y eso para ti no es una buena noticia.
No soy un títere, rompí mis cuerdas para separarme de las manipulaciones de tu alma.
