Queramos o no, hay personas que duelen, pero no es solo eso, sino que dejan herida a su paso. Una herida que por mucho que la cures deja marca. Una cicatriz del tamaño de la ira y los celos que sentías. Del tamaño del orgullo en tus palabras y de la venganza en tus acciones.
Todo suma y escuece. Porque cuando echas de menos a alguien que sabes que no volverá, mata. Y cuando odias a quien te robó una persona, mata. Y al final solo somos seres sin vida, asesinados por personas que un día también fueron asesinadas. Somos zombies que no dan miedo, tan solo pena.
Las promesas se esfuman, los celos devoran y las canciones tristes de amor en una vieja radio de un Panda se funden con el sonido de las lágrimas y la lluvia contra el cristal.