Llegó a lo más alto de aquel lugar, parecía que nadie podría encontrarla jamás. Entonces gritó, hasta desgarrarse la garganta, hasta que no le quedó voz ni ganas:
-A que estás esperando? Hazlo ahora. Encuéntrame y dime que me amas. Atrévete a mentirme. Ven y mírame los ojos. No tienes valentía para eso... jamás la has tenido. No te duele nada, no? Ni mis lágrimas, ni las de nadie.
El viento removía las copas de los árboles, y se escuchaba como silbaba, entre cada rama, cada hoja... Parecía una melodía triste, demasiado triste. Pero algo de esa música le hizo armarse de valor. Algo la hizo despertar de esa pesadilla en la que vivía:
- Por que? Por qué tuviste que irte? Yo solo quería que estuvieras aquí, conmigo. Para disfrutar de los buenos momentos y superar los malos más unidos que nunca. Pero eso ahora nunca pasará. No puedo vivir sin ti, no quiero dejarte ir. Vuelve... -su voz cada vez se debilitaba más, pero no se rindió, siguió subiendo más aquella montaña llena de ruinas.
El viento paró, y todo se quedó en silencio. Y algo empezó a sonar en medio del bosque, una canción más que conocida para ella. Cada vez se oía más alto, y ella cada vez lloraba con más fuerza.
Tenía que ser una broma pesada. No era real. Se pellizcó por si era un sueño, pero no. Realmente era él. Pero cómo? Como volvió? Como la encontró? Corrió hacia el, como si no hubiese nada más importante que tocarle por última vez... Solo unos metros más, ya casi puede oler su peculiar perfume. Pero justo cuando está a punto de rozar su piel, se desvanece. Como agua en el mar.
Ya no queda nada, solo un corazón roto. Solo lágrimas cayendo sobre las mejillas coloradas.
Comienza a llover, pero nada importa, nada puede hacerle quitar la mirada de aquella roca donde desapareció frente a sus ojos en apenas segundos. Se había vuelto loca? Ella quería pensar que no.
Algo se acercaba lentamente por detrás mientras todo esto ocurría:
-Jane...-susurró- Cielo... estás bien? Vámonos a casa, es tarde y si nos quedamos aquí pronto no habrá luz para poder bajar.
Definitivamente se había vuelto loca, su mente la estaba engañando y no sabía como escapar de esa tela de araña que la estaba matando.
Miró hacia atrás, no había nadie de nuevo, todo estaba en su cabeza, nada era real.
Volvió a lo alto de la montaña y cuando llegó arriba miró por última vez hacia el bosque, pero no vio nada, ya no había árboles, ni viento,ni música. Ya no había nadie llamándola, solo edificios grises, y calles abarrotadas de gente y tráfico. Solo monotonía. Lo único que seguía allí era la lluvia, la misma lluvia que poco a poco se llevó su alma.