lunes, 12 de enero de 2015

Un día Soledad llamó a mi puerta, me paralizó.

-El echo de vivir deja secuelas.


No sé en que momento fue, ni cuando empezó todo a ser tan difícil. Supongo que una vez te acostumbras a alguien es complicado olvidarse. Es como el drogadicto que deja la droga, siempre habrá detalles que le recuerden como se sentía cuando estaba enganchado a ella.
No se trata de intentar olvidar, sino de seguir adelante recordándolo todo. Y ahora soy un alma libre, un león solitario buscando mi lugar en la selva.

Ahora siento cada sentimiento, lloro como nadie, río como sino hubiese más días. Bailo, pierdo la cabeza, bebo, beso, canto. Disfruto el día a día, sin esperanzas de encontrar a la persona que me cambiará la vida. Soy yo la reina de todos mis males, la dueña de mis decisiones, la responsable de mis actos. Soy yo la que guía mis pasos, y la que con amuletos o sin ellos, por ahora sigue avanzando.

Fui un pajarillo enjaulado y ahora quiero volar, tan lejos y tan alto que me cueste hasta respirar. Quiero cometer todos los errores que existan, portarme mal y luego negarlo todo. No me importa lo que la gente diga, todo lo que hago es porque quiero y porque disfruto con ello. Hay demasiadas personas en el mundo para poder gustarle a todas.