sábado, 25 de octubre de 2014

Todas mis restas contigo suman.

Que fácil es valorar las situaciones cuando no las vives en tu propia piel. Nos empeñamos en hablar sin saber, en creernos los más sabios en todo, pero lo que no entendemos es que cada persona es un mundo, y que aunque hayas vivido algo parecido nunca será igual. Por eso a veces me siento sola, desplazada del mundo, porque realmente nadie nunca sabrá lo que siento. 

Muévete, que el reloj no corre a tu favor
Pero por otro lado me reconforta saber que nadie jamás se sentirá igual que yo, eso me hace especial y diferente. Forma mi carácter, igual que todos los momentos vividos hasta ahora. Construye mi manera de reaccionar ante los problemas y aumenta mi capacidad de recuperación. Poco a poco voy madurando, y entendiendo que el amor verdadero reside en los libros, que no existe el amor idílico que todos buscamos sino uno más profundo, en el cual aprendes a conocer a una persona sin límites. Sus gustos, sus manías, su rutina, la manera en la que mira según le parezca bien o mal algo.

El amor no es un príncipe que te salva del descanso eterno, sino una persona que te rescata de la soledad, llena tus días de risas, enfados, tonterías, discusiones y momentos románticos. Y lo mejor del amor es que no hay que buscarlo, te encuentra y te te invade por completo. Pero igual que viene se va, pero siempre deja algo, el cariño, los recuerdos, y la cara que se te queda al verlo por mucho tiempo que pase.

Estoy cansada de leer que si la persona que amas te ama es lo mejor del mundo, eso no lo es todo. Hay mil millones de factores que influyen: la manera de pensar, los planes de futuro, los celos, ...
Y puedes querer de tal manera que sea imposible expresar lo que sientes cuando recuerdas pequeñas cosas como ver un paquete de caramelos Halls, caminar con alguien cerca de la carretera o tener frío.

Pero es una página de un libro en reformas. Ahora no hay vuelta atrás, quizás algún verano, muy lejos con el sol le de mi corazón por amor ... 

                                                                                                                         Para ganar hay que perder.