Hay cosas que inexplicablemente te hacen feliz, pueden ser la mayor tontería del universo, pero esos pequeños detalles pueden hacer que un día sea el peor o el mejor del mundo.
Intento levantarme con una sonrisa en la cara después de cada caída, soy como un boxeador incansable, porque si la meta vale la pena, no me importa sufrir hasta abatir a mi rival. No me gusta darme por vencida, fracasaré una, dos, tres... veces, mas mientras haya la mínima posibilidad, por ínfima que sea, de conseguir lo que deseo, lucharé hasta que no me quede aliento, hasta que no queden lágrimas que derramarse por mi mejilla, ni golpes que recibir, porque aún cuando todo esto pase, seguiré corriendo cual caballo desbocado hacia mi objetivo.
Tengo ganas de sorprender al mundo, y más de sorprenderte a ti, ganas de besarte y abrazarte hasta que se me acaben las ganas (aunque eso jamás pasará), sé que es ridículo pensarlo, y parece una estupidez, pero me gustaría poder ver mi futuro, como veinte o treinta años hacia delante, y ver que estás ahí, a mi lado, cuidándome cuando esté triste, dándome calor en las noches frías y despertándote junto a mí, haciéndome sonreír cada mañana con uno de tus besos que tanto me gustan.