miércoles, 30 de mayo de 2012

Sonrisas de complicidad para sellar el pacto.

Un día como otro cualquiera, sobre el sofá, te das cuenta, le quieres contigo para siempre no hay nada que no quieras hacer con él, todo parece ser perfecto. Está claro que le amas, que os amáis, ya es hora:
- Hagamos un pacto. Pero no se puede romper.
No dudas ni un segundo, no le quieres perder nunca!
- Hagámoslo.
Le miras con una sonrisa enorme, y te brillan los ojos, estás convencida de que saldrá bien, y de que nada ni nadie podrá separaros.

Para siempre.